William Shakespeare

(Stratford Upon Avon, 26 de abril de 1564 – Stratford Upon Avon, 23 de abril de 1616)

William Shakespeare, fue el tercero de los ocho hijos de John Shakespeare, un acaudalado comerciante y político local, y Mary Arden, cuya familia había sufrido persecuciones religiosas derivadas de su confesión católica. Poco o nada se sabe de la niñez y adolescencia de William. Parece probable que estudiara en la Grammar School de su localidad natal, si bien se desconoce cuántos años y en qué circunstancias. Parece también probable que abandonara la escuela a temprana edad debido a las dificultades por las que atravesaba su padre, ya fueran éstas económicas o derivadas de su carrera política.

Su trayectoria como dramaturgo como dramaturgo empezó tras su traslado a Londres. Su estancia en la capital británica se fecha, aproximadamente, entre 1590 y 1613, año este último en que dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar, donde fallecería 23 de abril de 1616 del antiguo calendario juliano, usado en aquel tiempo en Inglaterra.

10 obras famosas

1. Romeo y Julieta (1595)

Obra que se ha convertido en un clásico del amor trágico, de la que se han hecho numerosas versiones y adaptaciones teatrales, literarias y cinematográficas. Se considera su primera tragedia.

El amor imposible entre dos adolescentes, Romeo y Julieta, transformados en el modelo de los amantes románticos. Combina destino y elección personal, factores que llevarán al terrible desenlace.

2. El Mercader de Venecia (1595-96)

En esta obra Shakespeare trata de trazar un retraso social mostrando las diferencias de clases y la relación entre ellas. Su visión no es precisamente clasista, sino todo lo contrario. Propone que lo importante no es el nacimiento sino la formación, algo que choca con la idea estructural y conservadora de  la sociedad de clases. A pesar de esa diferenciación, las clases dominantes irán aceptando que necesitan a las que consideran inferiores, aunque las desprecien.

3. Enrique V (1597-99)

En ella trata otro de los temas que más interesó a Shakespeare: el retrato histórico.

Contiene uno de los monólogos más conocidos de toda su obra, el discurso del rey antes de la batalla de Azincourt contra los franceses el día de San Crispín. Se presenta a un monarca muy distinto al joven príncipe que era, disoluto y juerguista, ahora encarnando al gobernante ideal.

4. Mucho ruido y pocas nueces (1598)

Podría considerarse un experimento, un intento de mezclar los dos géneros que cultivó: comedia y drama.

El primer Acto lo dedica a la comedia, ágil, ingeniosa y divertida, con amores que surgen casi por sorpresa, entre personajes que inicialmente parecen opuestos. El segundo acto adopta un tono oscuro, tejiéndose traiciones y conspiraciones que amenazan con romper la atmósfera casi idílica creada inicialmente por el autor.

5. Hamlet (1601)

Posiblemente, a pesar de su extenso y conocido repertorio teatral, sea esta la más universal de todas sus obras, confiriendo al personaje de Hamlet un lugar prioritario en la literatura universal.

Trata dos de sus grandes temas: la traición y la venganza. Y las consecuencias que esa traición tendrá no solamente sobre el príncipe atormentado, sino sobre todos los que le rodean, en un final épico y cargado de dramatismo. 

6. Noche de Reyes (1601-02)

Retoma en esta obra el retrato social, pero a diferencia del Mercader de Venecia, aquí el paisaje es más oscuro, más descompuesto, repleto de personajes sórdidos y en muchas ocasiones maliciosos. Proyecta una visión de la sociedad más cínica, todo tiene un precio. Marca una etapa de obras más sombrías, menos esperanzadas.

7. Otelo (1603-04)

Posiblemente, la principal aportación de esta obra de celos e intrigas, de pasiones desbordadas que llevan hasta el crimen, sea el personaje de Yago, la encarnación de la perfidia, la sutileza y el engaño. Es el perfecto manipulador ya que consigue que todo el mundo confíe en él, pudiendo así llevar a cabo sus planes. La fuerza del personaje hará que a lo largo de la obra vaya desplazando del centro de atención al propio Otelo

8. El Rey Lear (1605-06)

De nuevo la familia como eje principal de la trama, las tensiones entre padres e hijos sus relaciones y las sombras que oculta. La ambición, otro de los puntos centrales a través de los que vertebra un gran número de sus obras, se manifiesta en las hijas del rey que acaba despojado de su poder e incluso de su dignidad.

9. Macbeth (1606)

Si de ambición hablamos, será sin duda esta la obra que mejor ejemplifique esta pulsión por el poder, sin límites. Y en este caso no será un hombre su representante, sino una mujer de gran voluntad, Lady Macbeth, que no dudará en empujar a su marido al asesinato para alcanzar sus objetivos. Un personaje femenino fuerte, en una época en la que las mujeres no podían tener vinculación con el teatro, incluso los papeles femeninos debían representarlos hombres.

10. Coriolano (1608

Posiblemente una de las obras menos conocidas por el público y sin embargo ha gozado de una buena consideración por parte de la crítica. En ella posa su vista en uno de los entornos que mayor interés le despertó: Roma en su etapa de esplendor. A diferencia de Julio Cesar una obra más coral, aquí la acción se centra en Coriolano, en su relación con la masa, a la que desprecia.

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